«Cuando uno acepta la realidad»
Y de repente uno se da cuenta de la soledad en la que vive
desata la tapa, su emoción, su amor y toda su entrega
enarbolando su corazón y abriendo su entero sentimiento
rebosante de sangre, de pasión la más sincera, así, como que no
echara cuenta lo que vale, lo que ya está vivido
pues en el fondo sabe uno que está ahí, para lo y para quien sea
en cualquier circunstancia, caso, instante o momento
nada más una palabra, una sonrisa o el suspiro de un beso
teñido de una soledad que tampoco amarga tanto, se acepta
esperando simplemente una feliz, mágica convivencia
una vida en común, que recuerde que no, que uno no está tan solo
ni siquiera tras la máscara, mascarilla, tapabocas
opaca que nos tiene un ya un poco, un muy callados
sumergidos en un silencio que sí, ya va durando un tiempo
enclaustrados en el ruedo de la faena que estamos lidiando
derivándonos a la realidad que uno sabe y contempla
allegandonos unos con otros otros, con ninguna, no hace falta
cuanto tiempo ya, que se me olvidó la palabra compañía
un tiempo aunque duro, llevable, acostumbrados al recuerdo
el abrazo, el beso, el toqueteo juguetón del lío enamorado
nacido de la más complice sonrisa, la copa compartida,
todo mentira, todo falso, al final del camino uno se da cuenta
a pesar de las mieles que las hieles siempre ganan la partida.
De ahí que encierre uno su cascara, su caparazón ya con muchas
enmascaradas cicatrices, no, ya no quiero más, no, no las quiero.
Lo que quiero es lo que tengo, pero quiero vivirlo a mi manera
aunque no me guste siempre, aunque no me guste a veces.
Sigo el camino marcado desde la infancia, aquella bella etapa
oliendo las amapolas, jugando en la calle, en la casa, en la plaza,
leyendo, escuchando música, soñando con aquella muchacha
en la que estaba enamorado, tonto de mi, lo se, lo admito,
duermo ahora y me arrepiento en sueños de todo, todo aquello
aquello que me convirtió en lo que hoy soy, un hombre sólo
dueño de mi amante, que vive, duerme y hasta sueña conmigo.
Enamorada ella de mi como yo de ella, aunque yo no a veces
nada más a veces, a ratos porque se como ella sabe, y que lo se
lo sabe, sabe que al final acabaré, estaré con ella en la cama
al lado, encima, debajo y estando hasta con gente, sabe
que me domina, que es ella, nada nada celosa, mi dueña
un alma acompañante, sola como yo, un alma solitaria
enamorada como yo de la vida que aún sabiendo el mañana
vivimos conscientes, conocedores de nuestro ya viejo tiempo
ilusionado ayer, hoy como siempre juntos, más que novia,
vivo en mi sino y de repente uno se da cuenta en lo que vive,
es mi amiga, compañera, amante, Soledad lleva por nombre.

SOCIO SH23
Actor, locutor, amante de la poesía con un algo de poeta y buen «decidor» de versos.







