Aquellos eran hombres valientes, eso ni dudarlo. Es verdad que en tiempos oscuros, cuando el fascismo aporreaba a la puerta en previsión de abrir otra vez la caja de Pandora, las circunstancias los empujaban a posiciones extremas. Pero había que tener grandes ideales para dejar atrás las llanuras de Minnesota y cruzarse medio mundo para partirse la cara, voluntariamente, contra el ejército de Franco y sus secuaces (sanguinarios regulares de África incluidos). Existen itinerarios para seguir hoy el rastro de los brigadistas internaciones en nuestro país y, en alguno de ellos, está registrado su paso por San Gregorio Magno, una ermita de Aguaviva, Teruel. No es difícil. Allí, en uno de sus muros, un tal Edward Muscala (mujer y un hijo), había dejado un grafiti con su nombre, lugar de origen, brigada, la famosa Abraham Lincoln y fecha, 25 de diciembre de 1937. Una forma original  de celebrar el día de navidad por un comunista (estaba afiliado a la Young Communist League). En 2020, algún biznieto de una víctima del conflicto, (quizás un alcalde fusilado por milicianos), o tan sólo un ultra a secas, la roció de spray. Borrar la historia, práctica esta que data de tiempos antiguos; desde los templos egipcios hasta los monumentos funerarios españoles (cementerio de San Eufrasio en Jaén, 2019). La inscripción, posiblemente desaparecida para siempre, nutría la atmósfera ya misteriosa de una ermita nada corriente. Fachada con arco mixtilíneo, hecho polvo, por el que se accede a la iglesia del XVII, de planta hexagonal con su cúpula gallonada (dividida en gajos) y muy barroca. Retablos a la manera clásica, como pequeños pórticos de templo romano, con pinturas desvaídas de los misterios del Rosario. En puridad, y vistos en fotografía, parecen deliciosas pinturas pompeyanas. Pero no se vayan todavía. En la clave de la hermosa cúpula un sol con forma de cara, con sus rayos a modo de flechas y hojas de palma, del que cuelga algo bizarro: una estatua antropomórfica medio amputada. ¿Querubín?, ¿serafín? No tiene alas y más bien parece el mascarón de proa de un velero. Edward Muscala, soñador, comunista equivocado (¿alguno no lo estuvo?), pero soñador al fin, murió tres meses después en el Frente del Ebro y su tumba no existe. Su memoria pervivía en el grafiti de San Gregorio hasta hace poco. Perseguido por su destino, quién sabe si encontró la paz por unas horas bajo ese sol amarillo y esa extraña figura que, quizás, vislumbró como un ángel.    

La ermita de San Gregorio Magno está en la Lista Roja desde el 21 de enero de 2021. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Foto central: https://albavolunteer.org/