El conocido como incendio de Santa Coloma de Queralt, declarado el día 24 de julio de 2021 y activo durante los tres días siguientes, es por el momento el peor incendio del año en Cataluña. Quemó unas 1657 hectáreas, y el impacto a nivel paisajístico, ecológico, agrícola -y mucho más- es devastador. Las múltiples imágenes aparecidas en los medios y redes sociales de los campos y montes de la zona afectada son desoladoras.

Dicho incendio no es ni el más destacable del verano (a la vista de sus incontrolables homólogos en Grecia, Italia o Ávila) ni el peor de los últimos años en Cataluña. Sin embargo, una información publicada durante las horas más graves ha motivado la redacción del presente escrito. Además de las noticias lamentando las pérdidas habituales en accidentes forestales de este tipo, durante el mencionado incendio se publicó la noticia de que las llamas habían alcanzado y destruido el castillo de Queralt, una construcción del siglo X. Afortunadamente, después del incendio las autoridades y los medios pudieron constatar que dicha información no era cierta y que el castillo sigue en pie, aunque se desconoce si la estructura habrá quedado dañada.

El castillo de Queralt, en el término municipal de Bellprat (provincia de Barcelona), estaba catalogado por la Generalitat de Catalunya como Bien Cultural de Interés Nacional, uno de los más altos rangos de protección. Consta de los restos de una edificación del siglo X ubicada en la marca hispánica y a su alrededor se encuentran los restos de la iglesia de Sant Miquel del castillo de Queralt y la iglesia de Sant Jaume de Queralt, conservada y en activo. El castillo es el principal atractivo turístico de Bellprat.

Toda la historia y valor patrimonial que se encontraban en ese lugar pudieron desaparecer bajo las llamas el pasado mes de julio. Habría sido un daño irreversible (sumado, por supuesto, al impacto sobre la naturaleza que ya ha tenido el incendio), y habría tenido lugar sin que los cuerpos de emergencias tuviesen ocasión de proteger el castillo. La sensación de impotencia sería enorme, pero debemos reflexionar si como sociedad podemos permitirnos una pérdida así (por el qué y el cómo) y si hay formas de prevenir que incidentes parecidos ocurran en el futuro, ya sea en Cataluña, en los montes de Aragón, Andalucía o cualquier otro lugar.

Es hora ya de iniciar un proceso de reflexión y posterior acción sobre la gestión forestal, la prevención de incendios y la conservación del patrimonio cultural. Para proteger el patrimonio arquitectónico de las ermitas, castillos y construcciones que encontramos en el entorno forestal y sin olvidar que los bosques, campos y prados de nuestro territorio también son de gran valor. Es por todo esto que las autoridades no sólo deberían proteger de forma especial las construcciones que hayan creído que merecían ser catalogadas bajo una categoría determinada, sino que deberían impulsar planes de prevención y extinción de incendios para que los daños sean lo más reducidos posible. Es preciso, como apunta Adam Picón en “El patrimonio cultural en los espacios de interés natural”, diluir las diferencias entre el patrimonio natural y el cultural en los niveles administrativo, legislativo y didáctico1.
Y es que la tragedia afortunadamente no completada en Bellprat, por mucho que nos duela, no debería sorprendernos en exceso. Hoy en día, en muchos bosques de nuestro país la situación de vulnerabilidad es notable. Sin tener que recurrir a grandes estudios, observamos que el sotobosque es frondoso debido a la desaparición paulatina de rebaños, la acuciante despoblación en el medio rural y las crecientes restricciones en los espacios naturales. Estos hechos, junto con otras características de cada territorio, son los ingredientes ideales para que las llamas puedan propagarse de forma rápida al declararse un incendio.

Al mismo tiempo, y de forma paradójica, durante los fines de semana o los periodos vacacionales cada vez más gente desea ir de excursión a la montaña o disfrutar de la tranquilidad del bosque. Y no hace falta ser muy inteligente para concluir que, si sobrecargamos de actividad humana un bosque mal cuidado, las posibilidades de que se declare un incendio forestal aumentarán exponencialmente.

Podríamos hablar también de cómo potenciales incendios forestales de gran magnitud pueden alcanzar ciudades y perjudicar el patrimonio arquitectónico y cultural de las mismas. Sin embargo, esta cuestión podría tratarse en un artículo exclusivamente y rebasa los límites de mi conocimiento, por lo que no me queda más que presentar la conclusión del presente escrito: en aras de proteger nuestro patrimonio natural y cultural, previniendo incendios y otro tipo de catástrofes, las instituciones deben trabajar y destinar más y mejores recursos a la gestión forestal (en un sentido amplio que incluya lo natural y lo cultural). En este caso, más vale prevenir que curar, pues si la pérdida del castillo de Queralt se hubiese confirmado, la curación sería imposible. Que ni en Bellprat ni en ningún otro sitio vuelva a estar en peligro un bien cultural.

 

BIBLIOGRAFÍA

Picón, Adam. “El patrimoni cultural en els espais d’interès natural”. En Estat Crític, Revista d’Arqueologia (UAB). Número 3, 2009.