Nos gustan los puentes. Esos que faltan en los puntos calientes de la tierra. Metafóricos en el Mediterráneo, inmenso cementerio de subsaharianos, mujeres y niños. O en el Río Bravo, estos de fábrica, donde detienen las oleadas de haitianos que no han muerto cruzando a nado. Nos gustan como les gustaban en su día a los forjadores de la Unión Europea, que los incluyeron en los billetes de curso legal con muy buenas intenciones. 

Los puentes son símbolo de unión (tender puentes), aunque durante siglos se cobrara un pontazgo y no fueran zona franca. En la comarca de Los Pedroches, última al norte de Córdoba tocando con Extremadura, se levanta el de Pellejero. Alguien debió pensar que era romano, lugar común en cuestión de puentes, pues los construyeron como nadie, y éste, aunque devastado, se mantiene algo firme. La ausencia de sillares, piedras bien labradas del mismo tamaño, lo desmiente y nos decanta por la Edad Media, que también los hizo, y muy buenos. La pizarra que se encuentra por los Pedroches se utilizó como aparejo, pero el resultado es de belleza notable en su eterno afán por salvar el río Guadamatilla. De dos arcos de medio punto, uno sobre la ocasional inundación del lecho, el puente rezuma elegancia y sabio paso del tiempo. Nos gustan los puentes. Los que conducían a un molino, como el de Pellejero, y los que no existen en los puntos calientes de la tierra.

El puente de Pellejero está en la Lista Roja desde el 21 de septiembre de 2021. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Foto derecha: Aris Messinis, la voz de Galicia.

Foto de la izquierda: Paul Ratje (ATP)