Cuando hay que saber parar

 

He escrito mucho, he viajado poco,

o quizá no haya escrito tanto y tampoco tan poco he viajado.

Y esto que lo diga, si se atreve, mi mente, cabeza loca

enquistada con los hierros del pasado, con el peso del marmol

del las esculturas clásica, barroco innecesario hoy y en estos tiempos

y en mí, y en esta cabeza loca que hoy se destapa un poco poco a poco.

 

Hoy me he dado cuenta gracias a un pez globo, “de nada sirve muchacho”

desata la manta, el atillo desgranado y lleno de versos antiguos, ¡ya quisieras!

Y no es que no quiera, es que quiero sacar todo cuanto llevo dentro,

todo cuanto atesoro, todo cuanto en cuanto menos un aprobado.

 

– El Homenaje, bien. La Hondura, ¡ya está bien! Que el mundo no es tan hondo

ni la hondura tan profunda y grave, es más en si bemol, más cercano todo

más de un mundo absurdo más aún de un mundo único, TU mundo.

No eres lo que escribes, eres quien escribes

y en ese quien está ese mundo que es tuyo es tu mundo.

 

Haz llegar tu recado, tu mensaje, tu seña irrepetible

tu marca de agua, tu firma, la firma de tu único Universo.

¿Y la gente? ¡Que se te importa la gente!

Descarga, suelta, desnuda tu alma, desnuda incluso tu cuerpo y desnudo

escribe sin losas, sin mármoles, sin peso

liviano así como las alas de los ángeles, como la brisa, como las nubes

como en calma la mar.

 

 

Cojo aire, respiro, suelto aire.

Me desabrocho, la camisa, el cinturón y sigo

y me desnudo.

Y suelto el corsé de plomo, hierro y acero

y suelto lastre y suelto peso y hasta grasa suelto.

Lo suelto todo, todo y me quedo como un loco con su embudo por gorro

y empiezo a hilvanar el entorno,

miro a la derecha y veo un loco con embudo que escribe como un loco

como el loco que está a mi izquierda que escribe con un embudo en la cabeza

y miro de frente y veo a otro loco que loco escribe y mientras escribe

sonríe y se ríe al ver a tanto loco escribiendo con un embudo en la cabeza.

 

Termino, terminan al mismo tiempo, uno dos y hasta tres locos

y no digo cuatro pues no tengo ojos en el pescuezo y el embudo no me deja ver cristalino.

Termino. Suspiro desnudo y de repente descubro

que me hallo en la habitación de los espejos.