Charlando con el personal de limpieza una servidora se ha dado cuenta de lo mal valorado que está su trabajo en general, y en concreto en el ámbito cultural. Y es que, si no protegemos a aquellas que protegen nuestro patrimonio, ¿cómo pretendemos que lo hagan correctamente?

Un tema extraño, estarán pensando, ya que nadie nunca habla sobre esto. Por esta razón, precisamente, me he decidido a dar voz a aquellas trabajadoras que creen que no la tienen porque no las tratan con el respecto y la dignidad que merecen. Sí, estoy hablando de las “señoras de la limpieza”, que para todos resultan ser las últimas en el escalafón sociolaboral, pero que sin su labor viviríamos en una gran masa de porquería.

Seguro que las ves por ahí, si tienes educación las saludas, pero poco más, ¿me equivoco? Y puede que cuando vayas al baño y te laves las manos, las agites en el lavabo salpicando el cristal y el lavabo en sí, o incluso que lo hagas en el propio suelo del baño. Tal vez también hagas tus necesidades y salpiques la taza o incluso el suelo; o te cueles (sin preguntar) cuando está fregado porque necesitas papel. A lo mejor cuando llueve entras sin secarte los pies, abres el paraguas y lo dejas en el suelo, mojándolo. Quizás también dejes migas sin recoger cuando comas, o las tires al suelo a propósito porque total, “para eso están las de la limpieza”. Poniéndonos quisquillosos, puede que llegues incluso a decirles a las señoras de la limpieza “esto está sucio, límpialo”, como si ellas no supieran hacer su trabajo y necesitasen órdenes de alguien que no tiene competencia para dárselas.

Y todas ellas te responderán “no pasa nada”, con una sonrisa, pero la realidad es que sí que pasa. Todo ello son faltas de respeto, de educación y de empatía. Estas mujeres se matan a trabajar físicamente todos los días, a limpiar la basura que ya de por sí hay, y la que tú le estás generando. Todo para que luego no escuchen ni un “gracias”, y ni siquiera las inviten a las celebraciones y/o a los dulces que todos hemos llevado al trabajo en alguna ocasión. Existen personas que incluso menosprecian su empleo, porque “limpian la suciedad de los demás”. Pero les diré algo: si ellas no fregasen el suelo de los museos, limpiasen el polvo de las mesas, fregasen los baños… ¿Qué sería del patrimonio arquitectónico? ¿Qué sería de su salud y de la de las personas que allí laboran?

El hecho de tener que poner sobre la mesa esta reflexión me avergüenza. ¿Qué clase de educación tiene la gente? ¿Qué respeto tienen por la profesión ajena? Cuando tú pisas un suelo recién fregado o te metes en el baño sin permiso, estás literalmente pisoteando el trabajo de otra persona. ¿Te gustaría que de repente cogieran tu papeleo y lo metieran en una máquina de destrucción de papel, porque sí? Pues esto es lo mismo. Solo les pido, que la próxima vez que derramen comida o agua sin querer, piensen dos veces si es más fácil limpiarlo ustedes mismos o molestar a estas trabajadoras, que bastante explotadas las tienen ya.

Biografía e imágenes