Santander, 1887

Después de la pausa navideña, volvemos a hablar con grandes personajes olvidados de la historia española. Esta semana tenemos el honor de hablar con uno de los naturalistas y descubridores más importantes de España, don Marcelino Sanz de Sautuola y Pedrueca. *

 

P: Buenos días y muchas gracias por estar con nosotros. Como siempre, me gustaría empezar la entrevista hablando de su infancia y educación.

R: Un placer estar aquí. Y muchas gracias por desplazarse hasta Santander, por las nevadas me ha sido imposible ir hasta Madrid. Bueno, yo nací aquí, soy santanderino. Mi padre fue alcalde de la ciudad hace años y provenimos de una familia con buena situación económica que me permitió pagar los estudios de Derecho en Valladolid. Después de haber terminado la carrera, volví a Santander.

P: ¿Cuál fue su primero trabajo? ¿Ejerció como jurista?

R: A la vuelta me dedique a administrar mis propiedades. Pero mi verdadera pasión era la participación en la vida cultural junto con mis amigos Ángel de los Ríos, Marcelino Menéndez Pelayo, José María de Pereda intentando desarrollar la vida cultural y económica de Santander. Organizábamos exposiciones y creamos el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santander.

P: ¿Es verdad que Usted fue el primero en plantar un árbol de eucalipto?

R: En la provincia de Santander, sí. Lo planté en mi casa en Puente San Miguel y, de hecho, sobre eso escribí un informe que fue presentado en la Exposición Provincial de Santander.

P: Aparte de su interés en la botánica, se interesa mucho en la historia.

R: Sí, otra de mis grandes pasiones. Soy miembro correspondiente de la Academia de la Historia y ocal y vicepresidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Santander. Incluso escribí algunas obras e intenté crear un archivo y una biblioteca que abarca estos temas. Mi idea es acabar donándolo al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, donde estudie de niño.

P: De todo su trabajo, sin duda alguna, lo más conocido, es el descubrimiento y la investigación de las cuevas de Altamira. ¿Nos puede contar como aconteció?

R: Bueno, todo eso es una historia sin terminar. De momento, el gran profesor y catedrático de la Universidad Central, don Juan de Vilanova y Piera y yo estamos intentando que el mundo académico y científico reconozca la importancia del hallazgo.

La historia empieza hace casi 20 años, en 1868, cuando un cazador descubre la entrada de la cueva. Nada extraño por esas tierras, la llaman “cueva de Juan Mortero” y la dejan así, sin más exploraciones. Yo la visité por primera vez en 1876, pero tampoco me di cuenta de los dibujos. En realidad, me fijé en rayas negras en la quinta galería, pero para ser sincero, no les di mucha importancia. Dos años más tarde, volví a visitar la cueva buscando los restos prehistóricos en Santander. El gran descubrimiento en realidad lo hizo mi hija María Justina, en ese momento de solo cinco años, que me acompañaba en una de las visitas y se fijó en los dibujos en el techo. Analizando los dibujos y los restos encontrados en el suelo de la cueva, tengo el más absoluto convencimiento de que se tratas de la época designada con el nombre como Paleolítica.

P: Si no me equivoco, no todos lo interpretan así.

R: Efectivamente. Por eso he dicho que seguimos luchando. El Profesor De Vilanova y Piera, máxima eminencia en estos temas en España, está defendiendo la idea de un hallazgo paleolítico en los congresos nacionales e internacionales. Pero sigue habiendo voces que dicen que se trata de unas falsificaciones. Algunos incluso tienen la teoría de que lo hicieron los jesuitas españoles para desprestigiar a la ciencia prehistórica naciente.

P: Esperemos que la gente pronto se dé cuenta del valor de este hallazgo. Muchas gracias por la conversación, ha sido un placer.

R: Muchas gracias a vosotros. Hasta la próxima.

 

 

*aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el diálogo es el fruto de la imaginación de la autora.