El parque Ascensión es pequeño (algo menos de dos hectáreas) y debió ser recoleto. Está muy cerca de Portugal, al oeste de la capital pacense, y destaca en la silueta urbana por sus árboles exóticos, palmeras canarias y washingtonianas y una secuoya roja, aunque ésta queda hoy fuera del recinto original. Su historia comienza cuando un noble de rancio abolengo de Badajoz idea y construye un parque privado para la niña de sus ojos. El aristócrata, Francisco Fernández, conde de la Torre del Fresno; la muchacha, Ascensión. Del título de nobleza descubrimos información curiosa: Don Toribio Gragera, III conde homónimo y antepasado de Francisco, era Capitán General interino de Extremadura cuando estalló la Guerra de Independencia. El día de San Fernando, un cañón tardó demasiado en dar una salva de honor al rey, ese cretino, cobarde y felón, preso en una palacio de oro francés desde el que escribía a Napoleón llamándole primo. La muchedumbre entendió aquello como un agravio a Fernando el Deseado y asaltó el palacio del conde hasta darle caza y asesinarlo. Mucha sangre corrió por Badajoz desde entonces. Cuando las tropas inglesas atacaron la ciudad en aquella misma guerra, los pacenses, sabedores de las tropelías de los sitiadores, mejor hubieran defendido la ciudad junto a los franceses. Siguieron días de pillaje, violación y borrachera británica que contrastan con el guante blanco tras la primera conquista de los franchutes. Cuesta creerlo. Como también la brutalidad despiadada de los franquistas con los miles de fusilados en la plaza de toros cuando el general Yagüe tomó la ciudad del Guadiana, la primera capital de provincia que perdió la república. Algunos nombres del callejero madrileño, sí, se cambiaron con preclara memoria histórica. La muerte también reclama su sitio en nuestro parque. Tras una visita al mismo, Ascensión cayó enferma de carbunco para morir al poco tiempo. El padre, devastado, paralizó el proyecto que incluía la construcción de una villa, y no volvió a pisar aquella tierra. Leemos en internet que el bacilo que lo causa, bacillus anthracis, se encuentra en el suelo. Dónde hay dolor, el suelo es sagrado (Oscar Wilde) escribimos hace tiempo en este espacio, y así debió entenderlo el infeliz conde. Son muchas las formas de sobrevivir a dicho trauma, y los escritores tienen su talento para paliar lo inhumano. De inmediato pensamos en Umbral y su Mortal y rosa, cumbre de la prosa del siglo XX, que ojalá no hubiera tenido que escribir nunca. El niño era su hijo Pincho. Pero volvamos al prosaico día a día del parque abandonado. Hace tres años fracasó el proyecto de Lidl en su suelo sagrado y hoy resiste, como la memoria de Ascensión y Pincho, cada vez más desvaído en el recuerdo.

El parque Ascensión está en la Lista Roja desde el 4 de mayo de 2015. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Tercera foto: http://badajozcapitalenlafrontera.com/jardines_ascension_ingles.htm