“Cuando se podría ser la octava maravilla del mundo”

 

 

– Escúcheme usted caballero ¿podría usted decirme, 

  sutilmente, dónde estoy, donde me encuentro?

  tengo como un síndrome, no se, como un 

  ánima que me dice, esto, esto es bueno, muy bueno.

 

– Un día, mire usted, Dios quiso por si bajara a la tierra,

  sobrio, elegante, de piedra roja, un castillo donde alojarse

  tocando acaso el cielo, acaso tocando de Granada la sierra

  el monte de Sabica, fue entonces, el lugar, la roca elegida

  donde se construyó la octava maravilla del Mundo.

 

– ¿Estoy entonces, aquí, aquí donde empezó TODO?

 Nada más y nada menos, si señor.

 

– ¿Lo dice usted en serio?

– acerquese, en esto, mire usted, nunca miento:

  

  Ahora escúcheme con atención, no diga ni una palabra

  lo que tiene usted ante sus ojos es de tal belleza

  hecha de piedra roja, con sus arcos, sus torres y sus puertas,

  aquí la Alcazaba, allí las Torres Bermejas, el Palacio de Carlos I

  más allá todavía, allá, el Palacio y los Jardines del Generalife

  bajo el Mulhacén y frente por frente al Sacromonte 

  rozando el Albayzin, el Rio Darro, Santa Ana, San Pedro y San Pablo,

  aquí Dios hizo construir para alojarse, si bajara, LA ALHAMBRA