Cuando trabajábamos en Cataluña conocimos unas compañeras que decían, en perfecta lengua valenciana, que provenían de Oriola. Nos miramos preguntándonos qué demonios era aquello de Oriola, hasta averiguar más tarde que se trataba de Orihuela, la última gran localidad valenciana al sur de Alicante. Sabido es que el empleo de la lengua de Vicent Andrés Estellés se va disolviendo a medida que se avanza hacia allí, hasta el extremo de que su uso es casi residual en lugares como, precisamente, Oriola. Referirse a su pueblo  como Oriola era, por lo tanto, una declaración de intenciones. Y nos parece muy bien. En Rojo que te quiero verde somos mestizos de pura raza, y todo lo referente a las minorías lingüísticas, nunca nos es indiferente. La división lingüística de la zona viene de lejos y la resumimos en un pis pas. Todo aquello eran taifas moras y ya desde el siglo XII castellanos y aragoneses se las repartieron en zonas de influencia y de conquista. (Tratado de Cazorla, 1179). Tras sendos revisiones del mismo, quedó por sentado que Valencia para el reino de Aragón (lo que algunos descendientes de Guifré el Pilós, siempre melancólicos, denominan corona catalano – aragonesa) y Murcia para el reino de Castilla. 

Y ahora a la Lista Roja. Acaba de entrar en ella un edificio singular que nos ha llamado la atención. A cuatro kilómetros escasos de Oriola hállase el Molino de la Ciudad, poderoso edificio que albergaba hasta hace más de medio siglo un ingenio para moler harina y pimiento. Rodeado de las espléndidas huertas que nos dejaron los fieles de Alá y a escasos metros del río Segura, extraía su agua mediante un azud, palabra de origen árabe, cómo no, que designa “una gran rueda (…) la cual, movida por el impulso de la corriente, arroja el agua fuera”. El edificio, bien construido, de dos plantas, tejado a dos aguas y anchos ventanales tiene aire a quinta abandonada e incluso a caserón señorial, y por defecto profesional, nos recuerda al elevador de aguas de la Gordejuela, esa auténtica perla negra del arrecife de coral que es nuestro listado. El molino, que se acompaña de un pintoresco puente de sillería, fue luego fábrica de electricidad, como se lee todavía en la noble fachada, ELÉCTRICA DEL MOLINO DE LA CIUDAD. También abandonado, el ex molino nos trae a la memoria la Central Eléctrica del Mediodía, pecio industrial madrileño que la Caixa tuvo a bien en resucitar en forma de centro cultural Caixaforum. Por ahí se hablaba hace una década larga de recuperar el molino con fines culturales, algo que se antoja hoy muy lejano y muy caro. La huerta permanecerá siempre en su sitio, ¿el molí? I per damunt de nosaltres tot el cel, el crepuscle, la gràcia dels coloms que sàviament volaven, escribió el poeta.

El Molino de la Ciudad está en la Lista Roja desde el 23 de diciembre de 2020. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Los versos finales son del poema També, del Llibre de meravelles (1971), de Vicent Andrés Estellés.