San Martín de Tours, popularmente conocido como de Frómista, es quizás el estandarte del románico palentino. Actúa además, desde hace casi un milenio, como verdadero hito del Camino de Santiago. Los peregrinos debían literalmente alucinar con la fantasía desbordada de su escultura en canecillos, capiteles y demás. La lujuria (casi pornográfica), lo bizarro, lo mitológico y diabólico eran moneda común en la decoración de los templos medievales para escándalo de los burgueses pacatos del XIX. Tal riqueza decorativa en un pequeño pueblo de Tierra de Campos se explica por ser fundación real de Doña Mayor, consorte de Sancho el Mayor de Navarra, que lo mandó levantar como cenobio en 1066. A los estudiantes de la ESO y el Bachillerato debería también sonarles, pues constituye el arquetipo de iglesia románica y, como tal, no hay manual de arte ni libro de texto que lo excluya. Y está en la Lista Roja desde 2014 por la polémica construcción de un inmueble colindante aquel mismo año. Las noticias eran alarmantes (”espantajo arquitectónico”, “chalet de dos plantas a menos de doce metros del icono del siglo XI”, etc.) así que hemos buscado en internet la mentada aberración. Al no hallarlo en google maps, hemos contactado con el ayuntamiento, que se ha quejado oficiosamente de la inclusión del templo en la Lista Roja y nos ha aclarado dónde está el chalet. La verdad sea dicha, no es el de Cristiano Ronaldo, sino un sobrio e insignificante edificio esquinero, muy pegado a la iglesia, eso sí, aunque algo más alejado del Monumento Nacional, de lo que estaba la vieja casa sobre la que se construyó. Por lo demás, el color y materiales no desentonan con el resto de edificios que rodean la iglesia. No parece, vamos, aberración arquitectónica alguna. Pero no es ahí donde queríamos llegar sino a algo que desconocíamos hasta ayer. San Martín es una reconstrucción de finales del siglo XIX. Tal cual. Su exquisita perfección responde a la iluminada visión arquitectónica de Aníbal González, que lo rehizo a su gusto entre 1894 y 1904, quitando y poniendo aquí y allá. Era ésta práctica habitual en Europa, según la doctrina de Viollet-le-Duc, célebre por sus reconstrucciones, entre ellas la celebérrima aguja de Notre Dame de París, calcinada en 2019. En consecuencia, San Martín rebosa una pureza anacrónica, ideal para el estudio de la arquitectura, pero que limita demasiado su disfrute. He ahí la verdadera cuestión. Igual que San Martín cortó su capa, debiera tal vez replantearse su presencia en nuestra Lista Roja. Noblesse oblige.
La iglesia de San Martín de Tours está en la Lista Roja desde el 21 de agosto de 2014. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?
Fotografía de la derecha: https://www.vozpopuli.com/

SOCIO 1777
Licenciado en Historia del Arte, ejerce de profesor en el IES Alameda de Osuna. Ha colaborado para la Biblioteca Nacional y publicado un estudio divulgativo sobre Bartolomé Esteban Murillo, así como varias novelas infantiles.







