Si atendemos a la definición de Verdulera para comprender el significado y sus connotaciones, y nos centramos en la explicación que nos proporciona la RAE, se trataría de una “persona que vende verduras”, o bien “persona descarada y ordinaria”. Esta implicación tan negativa y despectiva ya se observa desde la última mitad del siglo XIX y su significado irá evolucionado, sin muchos cambios en su concepción, hasta nuestros días. El principal objetivo de esta reseña conlleva estudiar las principales acciones de las verduleras, así como conocer los espacios públicos que ocuparon. Además conviene saber qué papel protagonizaron las mujeres que llevaron a cabo el motín de julio de 1892, a nivel político y social y enmarcarlo en su contexto, mostrando de este modo, sus dificultades a consecuencia del género.
A lo largo de todo el siglo XIX y XX, el papel de las verduleras aparece como un auténtico referente para con la movilización política encabezada por las clases populares. Muchas son las protestas y motines que han sido protagonistas de las portadas de la prensa del momento. Las verduleras han sido agentes determinantes en estos conflictos, se han involucrado en lucha por sus mercados y sus derechos; es por ello, que la segunda acepción otorgada por la RAE encierra en sí misma prejuicios que ya se deberían haber superado, y omite la descripción más real y política de la consciencia de todas aquellas mujeres, quizá por el mero hecho de serlo.
El periódico El País, informa el 5 de julio de 1892 sobre los sucesos acontecidos durante la noche anterior: se produjo un importante conflicto, considerado y denominado en la prensa, como un motín de las verduleras, que se desató después de que el Ayuntamiento intentara introducir una subida en las tasas a la venta ambulante.
Como en alguna de las otras ocasiones en las que se produjeron disturbios de este tipo, los mercados, las plazas, plazuelas y las calles toman su papel y su relevancia en el relato. El mercado de San Ildefonso y el de San Antón fueron aquellos donde se gestó la protesta inicial y donde comenzaron los tumultos; así se describe en la prensa del momento: “Al llegar à San Antón se precipitaron en el interior del mercado, asolando cuanto hallaron por medio y llenando el suelo de verduras y pescados”. Además la no colaboración en el motín por otros “compañeros de oficio”, suponía el aumento de la violencia y la intimidación, lo que nos demuestra la consciencia que tiene la agrupación de mujeres como conjunto: “De allí se dirigieron por la calle del Soldado a la del Olavel, donde dieron fuertes silbidos y mueras delante de un comercio de ultramarinos cuyos dependientes se resistían a cerrarlo”. Pronto, todo este entramado se extendió por todos los mercados y las verduleras marcharon, ocupando gran parte numerosos lugares de la capital, con banderas y gritando lemas como: ¡Abajo el impuesto! ¡Abajo el alcaide! ¡Pan para los pobres! ¡Que mueran los verdugos del pueblo!
A través de la descripción del motín, se concluye que el espacio público madrileño es determinante para que este se lleve a cabo y, de alguna manera, triunfe. Este espacio abierto, es un ámbito en el que las relaciones entre el poder y la ciudadanía, así como entre los propios habitantes, se materializan, las cuales se expresan en la conformación de las calles, las plazas y demás lugares de encuentro. El motín se enmarca en una ciudad en el que existe un sistema de redes o un conjunto de elementos que permiten el encuentro o conflicto, como es nuestro caso, que dan sentido al concepto de ciudad, donde se da la expresión colectiva, la diversidad social y cultural. La calle es elemento central del espacio público, entendida esta como el espacio de conflicto entre las diversas formas de entender la vida urbana.
En sintonía con este hecho, destacamos no solo los mercados, sino también las plazas: Plaza de la Cebada y la de del Carmen y los más grandes centros políticos como la Puerta del Sol, donde se detuvieron para manifestar su desagrado “A la puerta del ministerio de la gobernación se detuvieron e intentaron subir…” y frente al Gobierno de provincia: “allí estuvieron largo rato esperando la llegada del alcalde, Sr. Bosch, con objeto de propinarle monumental silba.”
Al margen de todo este asunto, la prensa catalogó esta iniciativa, como una imagen peyorativa de las mujeres unidas en masa, consideradas, en muchas ocasiones, como seres irascibles que pudieran contagiar al resto del pueblo. De nuevo, se observa esta dificultad de acción por el simple hecho de ser mujer. Aún así, lo cierto es que las verduleras actuaron como un grupo con una conciencia propia bien estructurada, actuando firmemente y marchando por un espacio que consideran como suyo, donde pueden ejercer sus derechos, legitimando de este modo y contra todo pronóstico, su protesta. Efectivamente su lucha no fue en vano; finalmente las autoridades, quizás sobrepasadas ante tal situación, se vieron en la obligación de revertir las medidas.

Estudié historia en la Universidad Complutense de Madrid, especializándome en historia contemporánea y, posteriormente, comencé mis estudios de máster en la misma universidad sobre Estudios Avanzados de Museos y Patrimonio Histórico-artístico. Actualmente me vinculo con proyectos de investigación en Museo Nacional de Artes Decorativas y busco aprender y enriquecerme de toda la cultura que nos envuelve. La protección de nuestro patrimonio y el estudio de nuestro pasado me parece lo más importante para crear una sociedad mejor.







