Nueva York, 1971

¡Buenos días a todos! Es un honor y privilegio hablar con Pau Casals Delfilló, gran violonchelista, director de orquesta y compositor. *

 

P: Buenos días maestro y gracias por hablar con nosotros. Es una gran ocasión con la que nos encontramos aquí, en Nueva York. Las Naciones Unidas le han otorgado la Medalla de la Paz de las Naciones Unidas. ¡Felicidades! Pero, el camino hasta aquí ha sido muy largo. ¿Qué nos puede contar de su infancia y de su primer encuentro con la música?

R: Muchas gracias por su interés. Mi padre era musico, así que prácticamente desde que tengo uso de la razón, vivo rodeado de música. Nací en Cataluña, en El Vendrell y éramos 11 hermanos. Desgraciadamente, solo dos de mis hermanos y yo sobrevivimos la infancia. Y los tres hemos dedicado nuestras vidas a la música.

Mi padre era republicano partidario de Pi y Margall y toda mi infancia estuvo marcada por esta ideología política. Él trabajaba como maestro del coro y organista de la parroquia y daba clases de solfeo y piano.

P: ¿Es cierto que su primer concierto tuvo con lugar cuando solo contaba con 8 años?

R: Así es. En ese momento ya sabía tocar el piano perfectamente, pero fue mi primer concierto de violín. Mi padre quería que aprendiera cuanto antes el órgano también. Incluso me llegó a diseñar unos zapatos con alzas, para poder llegar hasta los pedales.

P: Pero su amor entre los instrumentos es el violonchelo, si no me equivoco.

R: Fue un amor a primera vista, sí. La compañía de cómicos ambulantes Los Tres Bemoles, visitó El Vendrell y allí, por vez primera, vi un instrumento de posición frontal. Estaba tan impresionado con él que mi padre me hizo un modelo primitivo de calabaza.

P: Su formación musical continua en Barcelona donde su profesor era José García i Jacot. Usted tenía solo 12 años cuando se fue de su casa. ¿Cómo fue esa experiencia?

R: Mi madre se vino conmigo cuando me mude para estudiar en la Escuela Municipal de Música. Ella fue siempre un gran apoyo para mis hermanos y para mí. Aclarar que además de don José tuve muchos más profesores, puesto que daba Armonía, Piano y Violonchelo.

P: Posteriormente la vida le lleva a Madrid donde disfruta del mecenazgo de la reina María Cristina y la protección del conde Morphy.

R: Efectivamente. Durante esos años en Madrid recibí una gran formación humanística. De allí viajé a Bruselas para continuar la educación con el maestro Edouard Jacobs, pero la manera en la que impartía sus clases era muy antigua y no me aportaba nada nuevo. Por eso, y contra de la voluntad del conde Morphy, me fui a Paris. Pero al no tener la financiación tuve que regresar a Barcelona no mucho después.

P: ¿Cómo vivió esa vuelta al país?

R: Siempre tenía Paris en la mente. Es el sueño yo creo de todos los músicos, conquistar la metrópoli francesa. En ese primer momento de la vuelta conseguí el puesto de profesor de violonchelo de la Escuela Municipal de Música, y trabajé como violonchelista principal de la Orquesta del Gran Teatro del Liceo. Cuando surgió la primera oportunidad volví a Paris, y esta vez con el beneplácito y recomendación del conde Morphy entré en la orquesta de Charles Lamoreux.

P: En ese momento empieza su carrera internacional. ¿En dónde tuvo la oportunidad de actuar hasta la Primera Guerra Mundial?

R: Sí, esa época fue muy emocionante. A principios de siglo tuve una gira extensa por los Estados Unidos. De esa experiencia destacaría la actuación como violonchelo solista en el estreno norteamericano del poema sinfónico para violonchelo y orquesta Don Quijote, de Richard Strauss, quien dirigió su propia obra.

Después de los Estados Unidos, viajé a Rusia donde viví la Revolución de 1905. Durante ese viaje tuve la gran suerte de conocer compositores como Rachmaninov, Scriabin, Prokófiev y Rimsky Korsakov.

P: Fue en esa época cuando interpretó por primera vez las Suites de Bach, ¿no?

R: Así es. Eso fue en 1906, en casa de Julius Roentgen. Recuerdo muy bien que Edvard Grieg estaba allí, que emoción. Sobre todo, porque tardé más de una década en estudiar esas obras de Bach antes no conocidas y presentarlas al mundo.

P: Al mismo tiempo forma un trío que actuaba con mucho éxito por Europa.

R: El trío formado por el violinista Jacques Thibaud, el pianista Alfred Cortot y por mí fue creado un poco antes, en 1904 si recuerdo bien. Y actuamos juntos durante 30 años, pero cuando, por segunda vez en este siglo, vinieron años difíciles para Europa me di cuenta de la postura política de Cortot. Su atracción por el nazismo era inadmisible y me negué a tocar nunca más con él. Rompimos toda relación entre nosotros.

P: Eso me lleva a preguntarle sobre su activismo político en esos años turbulentos.

R: Como ya he mencionado, mi padre era republicano y mi visión política no ha cambiado mucho. Durante este siglo hemos visto muchos cambios en Europa y yo siempre he intentado llamar la atención sobre la importancia de la democracia y al peligro del totalitarismo negándome a colaborar con la gente que forma parte o de alguna manera apoya esos regímenes, y también negándome a tocar en esos países. Por eso no he vuelto a tocar en Rusia, por ejemplo, desde la Revolución de 1917 y el establecimiento del régimen comunista o luego, en 1933 en Alemania.

P: ¿Por eso tampoco ha vuelto a España?

R: Efectivamente. En julio de 1936, justo en el momento en el que se anuncia el levantamiento militar, recuerdo perfectamente que ensayábamos la Novena Sinfonía de Beethoven. Mi último concierto en Barcelona ha sido en octubre de 1938 en el Liceo. En ese momento aproveché el intermedio para emitir un mensaje radiado en inglés y francés en el que solicité auxilio para España a los países democráticos. Pero bueno, eso ya es historia……

P: Después de la Segunda Guerra Mundial, usted decide tocar o dirigir solo en ocasiones benéficas, que tienen que ver con el altruismo y la defensa de la paz.

R: Sí, así es. Después del horror que hemos vivido en esos años, he decidido dedicarme a la defensa de la paz. Con solo una excepción, hasta la fecha, la conmemoración el centenario de la muerte de Bach.

P: Muchas gracias por la entrevista y una vez más enhorabuena por ese fantástico premio.

R: A ustedes.

 

*aunque los hechos presentados en esta entrevista son históricamente correctos, todo el diálogo es el fruto de la imaginación de la autora