En la actualidad, es impensable no contar con los avances tecnológicos como elementos indiscutibles para la práctica de la difusión y la educación del patrimonio cultural, tanto en medios físicos como en la representación de estos sitios en la red, pero es evidente la desigualdad existente en este contexto a lo largo del continente europeo. Según ICOM (2020, 2021), en sus informes periódicos sobre la situación de los museos y el COVID19, algunos de los principales museos se encuentran afectados por bajos presupuestos que no les permiten contar con equipos más grandes ni realizar actividades más allá de algunas visitas o talleres escolares, contando con pocas iniciativas digitales. 

De esta forma, según Mićić (2017), el nivel de transformación digital de estos museos estaría relacionado con el nivel de transformación digital de estos países (Comisión Europea 2020), acorde a su distribución geográfica y producto interior bruto (PIB), cuyos factores están relacionados.

Por ejemplo, según el caso de estudio realizado por Gómez-Hernández (2021), donde se contabilizan los contenidos digitales ofrecidos por 49 de los principales museos europeos, los museos situados en la zona nórdica y los países económicamente más fuertes acorde a su PIB (Fondo Monetario Internacional 2019) tienen una mayor diversidad de recursos digitales, aunque hay ejemplos minoritarios de museos de menor tamaño que con menor presupuesto ofrecen ejemplos muy relevantes.

De la misma forma, no solo el recorte presupuestario supone la desigualdad entre museos sino también dentro de cada museo, las tareas de gestión, organización, y, sobre todo, el establecimiento de prioridades internas y la posibilidad de dar oportunidades a profesionales emergentes son muy dispares entre ellos (Europeana Foundation, 2020;2021). 

Por este motivo, investigadores como Gilabert-González (2011) o Schonfeld et al. (2019), defienden que la disolución de las jerarquías en los museos es un proceso que debería acontecer en la próxima década, favoreciendo un trabajo horizontal y colaborativo frente al modelo del clientelismo de la Administración, que es un modelo que no favorece del todo la participación de la sociedad en el museo, ni genera un espacio seguro abierto al diálogo (Galani et al. 2019). 

En el caso de la educación patrimonial en museos, Kristinsdóttir & Hafsteinsson (2019) destacan que, a pesar de que la educación es un campo abierto y donde fluyen las ideas, las estructuras jerárquicas en los museos causan graves inconvenientes tanto en la práctica laboral como a la hora de afrontar desafíos desde el punto de vista teórico, no pudiendo expandir sus propios departamentos a los postulados y los contenidos más novedosos como la educación digital.

Además del reto presupuestario y el laboral, uno de los mayores retos para los próximos años es conseguir una implicación de forma continuada en el tiempo de todos los  agentes involucrados o stakeholders en la educación patrimonial digital, como son el profesorado, los educadores de museos, los técnicos audiovisuales, creativos y programadores informáticos  y el público objetivo, en este caso los jóvenes, para que, mediante el trabajo colaborativo, participen en el desarrollo de contenidos que comprometan a los jóvenes con el patrimonio cultural.

Asimismo, según recalca el informe del proyecto Unlocking digital heritage in education (Kennisnet 2018), las instituciones del patrimonio cultural deben tener en cuenta las necesidades de los educadores y los intereses de los jóvenes, apoyando de esta forma el desarrollo de la identidad de estos últimos y respetando su toma de decisiones.

Según los resultados del estudio DAFO de la situación de la educación patrimonial para jóvenes europeos realizado por Gómez-Hernández (2021), los jóvenes en la actualidad no se sienten representados en los museos y por lo tanto, no generan un compromiso estable ni con su representación digital en la web ni física con el propio museo.

Así, afirman que perciben estas instituciones culturales como distantes y tradicionales, frente a la versión renovada que éstos quieren ofrecer a la ciudadanía como un museo participativo, abierto y democrático para la era digital. Además, una gran mayoría de los entrevistados declaran que no han participado en la toma de decisiones sobre los contenidos digitales que se ofrecen para este público, incidiendo en que los contenidos propuestos por los museos no están desarrollados, ni pensados en atraer sus intereses, ni  utilizan las herramientas adecuadas.

Por otro lado, los profesores y educadores no mantienen entre ellos una relación continua en el tiempo. Asimismo, los objetivos y los resultados didácticos de ambos son divergentes y el profesorado admite que no recibe la suficiente información sobre los recursos y posibilidades que el museo puede ofrecer, así como la forma de usar sus recursos educativos digitales, lo que les arroja cierta desconfianza hacia las herramientas digitales y una falta de compromiso con el propio museo. Además, tampoco suele estar involucrado en el desarrollo de los contenidos.

En conclusión, los retos que se presentan actualmente para el futuro más inmediato se han destacado aún más durante la pandemia causada por el COVID-19, pero son desafíos estructurales que estaban presentes desde hace muchos años.

Todavía falta mucho trabajo por hacer, pero los retos aquí planteados, como el presupuestario, el laboral y el organizativo, son claves para generar una mayor democratización del patrimonio cultural y un acceso universal a los contenidos educativos realizados a partir de su digitalización. 

NOTA: artículo ofrecido por ESACH Madrid.

Imagen: Embodiment. Eric Wagner. CC BY-NC-SA

 

Bibliografía/Webgrafía