Esta es la historia de un indiano que regresó rico e invirtió en una fábrica de resinas en Nogarejas, León. Un hombre duro y valiente que, sin ser profeta en su tierra, volvió para morir en ella, empujado por una fuerza atávica. Al mismo lugar que le echó por su miseria doblemente entendida: la telúrica, y la propia, pues nunca emigraron los hijos de los terratenientes ni los caciques. Amén de que no todos regresaron ricos, como nos recuerda el padre de Onofre Bouvila de la Ciudad de los prodigios. No fue este el caso, ya que Domingo García de Luis regresó adinerado para montar la mentada fábrica en su pueblo, en las faldas del pico Teleno. El término nuevo rico encaja mal con la figura de Don Domingo, que avaló la compra de los bosques de Pinus pinaster por las Juntas Vecinales que habrían de explotarlos. Así, la Mancomunidad Resinera, gestora de la riqueza arbórea, daría trabajo al pueblo y a la comarca hasta 1990, año de desaparición de la misma. Calamo currente, cuatro ideas sobre esta industria. La resina es la sustancia cicatrizadora del árbol. A partir de los cincuenta años, puede extrarse y se denomina miera. La vida útil del árbol resinero, siempre coníferas, es de entre veinticinco y cincuenta años, y los productos obtenidos de la miera, líquidos y sólidos. Líquidos, las trementinas, para fabricar aguarrás por ejemplo. Y sólidos, la colofonia que, entre múltiples usos, tiene uno maravilloso: untar las cerdas del arco de los instrumentos de cuerda. El nombre castizo de la colofonia ya no puedo gustarnos más: pez griega o de Castilla. 

De la fábrica (1926) diremos que, como casi todas las antiguas, se levantó con un sentido de la estética que desapareció en la segunda mitad del siglo XX. Treinta años después de su abandono es un conjunto de escombros que conserva la fachada de noble puerta y un aire a finca señorial. Sorprende la rápida voracidad del tiempo para desmantelar un edificio en sólo tres décadas. El interés de Nogarejas por su memoria resinera hizo levantar en el pueblo un centro de interpretación sobre esta industria, quedando la vieja fábrica como un misterioso enclave al pie de la carretera, recortado sobre frondosos pinares. Los pavorosos incendios de 2012 calcinaron buena parte de la masa de Pinus pinaster de la comarca, como para advertirnos que el mantenimiento del oficio de resinero es buen arma contra desertificación y cambio climático. Leemos por ahí que los resineros resisten, que algunos pueblos abandonados se colonizan, y que la resina artificial es de origen químico y se importa a bordo de petroleros. Y pensamos en el indiano adelantado a su tiempo que amaba su pueblo y sus pinares.

La fábrica de resinas de Nogarejas está en la Lista Roja desde el 27 de julio de 2014

Foto de la izquierda: Antonio Juárez (https://leonolvidado.antoniojuarez.com/)

Foto de la derecha: E. Gancedo. Diario de León