Lo que queda del yacimiento de los Mondragones es muestra patente de una derrota patrimonial. El grueso de la historia se resume así. A raíz de la construcción en 2013 de unos equipamientos sobre el solar de un viejo cuartel, se hallan restos de un yacimiento arqueológico. Aquello fue un hallazgo completamente casual, incluso tratándose de la vieja Ilíberis íbera, pues los Mondragones se sitúan fuera del perímetro de la Granada histórica. Un lugar idóneo para construir un gimnasio y un Mercadona resultó esconder en sus entrañas riqueza arqueológica de bastantes quilates. Para cuando alguien llamó alertando a la Delegación de Cultura de Granada, la excavadora ya había devorado buena parte de ella. Los técnicos se presentaron y actuaron de urgencia, valorando 5.000 metros² de restos, principalmente romanos, en tiempo récord. Pese al diagnóstico y movilización de los entendidos (reclamación a gritos de BIC por parte de la Academia de Bellas Artes de la ciudad) las obras nunca se detuvieron por completo, y el flamante equipamiento vio la luz. 

En aquellos terrenos había un poco de todo, como sucede a menudo en estos palimpsestos topográficos, pero destacando algunas edificaciones importantes, piezas de considerable belleza y otras de poderoso impacto visual. Desgranemos. Entre las primeras se halló una soberbia villa romana con sus pars claramente definidas; la urbana, correspondiente a la domus o residencia del dominus ; la rustica , los campos de cultivo propiamente dichos; y la frumentaria , dedicada al almacenaje de la producción agraria. En esta última, sobresalía una almazara o molino de aceite, la mejor conservada en toda la Baetica romana, con su prensa o torcularium y el depósito del oro líquido, la caella olaria . (Lo sabemos, abusamos del latín, pero nos da lo mismo). Sobrepuesta sobre los restos romanos se halló un edículo que los más entusiastas se han atrevido a identificar como una primitivísima iglesia paleocristiana del siglo IV. En caso de serlo, ¡estaríamos ante el decano de los templos cristianos de la ciudad andaluza! De considerable belleza son los mosaicos de trama geométrica y vegetal, que decoraban el suelo de las habitaciones nobles de la villa. Sus fotografías aéreas revelan toda la fuerza de una civilización perdida. Y por último, la necrópolis, con enterramientos que van del siglo I al VI de nuestra era, algunos de ellos, para amar la arqueología, como el de una mujer romana, (su cráneo, más bien), con una moneda en la boca, para pagar al barquero. Salvo el molino, que permanecerá in situ, los mosaicos y esqueletos se han trasladado al Museo Arqueológico local para acabar, seguramente, como el arpa de Bécquer o el Arca de la Alianza de Spielberg.

El yacimiento de los Mondragones está en la Lista Roja desde el 13 de agosto de 2014. ¿Cuándo engorsará la Lista Verde?

Fotografías: Ángel Rodríguez Aguilera