«Para cuando el amor es de verdad»

 

 

Juego de niños, de ensueño, juegos de poeta

a la vista impronta de Goya las pinturas negras

hicieron del ojo el iris que irisaba dilatado

el empiece del noviazgo, la boda secreta

la súbita tentación de los maestros de Flandes.

 

Sueños rebeldes, ensueño, sueños de viaje

a la aventura parisina, Sorbona y atrevida

nutrida con ese ensueño hecho estandarte,

zalamera de aquellos lienzos inquietantes

sumergidos en el empuje de genios de sangre,

avista la vista, avistando la crítica mirada,

la incomprensión de un sólo guiño, un gesto

a la aventura de mirar y ver el descubrimiento

zozobrante transmitido sereno y sin palabras

a la firma inconfundible de Michaelina Wautier,

risueña, dando así caza al alcance del detalle.