Hemos llegado a Melilla de casualidad, empujados por la curiosidad innata de Rojo que te quiero verde. De la ciudad más africana de España solo conocemos desgracias pasadas y curiosidades administrativas. Ambas tienen en común su relación secular con el personal administrativo y militar, superabundante mientras aquello fue solo un enclave castrense. Trágica fue la Guerra de Melilla con el desastre en 1909 del Barranco del Lobo. Huérfana de imperialismo tras la pérdida de Cuba, España apuntó al Magreb, y se llevó la peor parte, el Rif, pobre de recursos y rico de terribles cabilas de feroces guerreros. Para los franceses, la perra gorda. “Melilla ya no es Melilla, Melilla es un matadero donde se matan los hombres como si fueran corderos” rezaba el cantar popular tras la trágica derrota. Sobre el funcionariado seremos escuetos: sus profesores de instituto son, junto a los de Ceuta, los mejor pagados del país. Y nos parece bien.

Sabedores de tan poco sobre la ciudad autónoma, nuestra sorpresa es mayúscula al descubrir que en ella se concentra la segunda mayor colección de arquitectura modernista española, solo a la zaga de Barcelona, y la primera del continente negro. Un discípulo de Gaudí, Enrique Nieto, se afincó en Melilla aquel mismo año de 1909 y construyó muchos edificios en la línea de su maestro. La ciudad, aprovechando el boom constructivo de Melilla la Nueva, su ensanche, se poblaría de edificios pintorescos, originales, coloridos, la joie de vivre de una nueva burguesía inexistente hasta la creación del protectorado (1912). Toda una gama de neos, donde art decó y modernismo (a veces mal entendido) sobresalen en cientos de edificios catalogados. La casa Josefa Pérez Maffé es uno de ellos, lo que no garantiza su salvación ante la amenaza de la piqueta. Es un pequeño edificio de viviendas, caprichoso, como todos los de su escuela y época, con su decoración floral y femenina, balcones de forja, estucados, más discreto que otros muchos, pero de 1927. El arquitecto, en realidad un ingeniero de minas, se llamaba Luis García-Alíx (sí, idéntico apellido que el gran fotógrafo del submundo macarra) y, para nuestro asombro, fue responsable de la detención de Lorca en Granada aquel horrible verano del 36. Su presencia en el callejero fue felizmente subsanada hace poco al reemplazarse su nombre por el de Aurelia Gutiérrez-Cueto Blanchard, pedagoga pionera asesinada en Valladolid aquel mismo agosto de recuerdo infausto. Cuánta sangre derramada en el entorno literal y ficticio de la joya modernista del Mediterráneo olvidado. 

La casa de Josefa Pérez Maffé está en la Lista Roja desde el 11 de diciembre de 2020. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Foto central: Miguel GonzalezNovo

Foto de la izquierda: retrato de Luis García -Alix.