Uno de los lugares más espectaculares de la Lista Roja es el paredón de San Telmo. El término paredón, de infausta memoria entre los españoles, se entiende aquí en sentido literal: dos paños de pared de mampostería dispuestos en ángulo de 90º. Nada más, todo lo que queda de una torre de defensa medieval, también conocida como mota de San Telmo, siendo una mota una “eminencia de poca altura, natural o artificial (…)” según la RAE. El monumento sufrió además un colapso parcial durante el reciente temporal y requiere de una intervención urgente. Lo que está claro es que el relieve accidentado de la costa entre Santander y Comillas exigía no sólo puntos de referencia para navíos, sino atalayas para alertar de los corsarios, piratas, vikingos y demás amigos del saqueo y la destrucción. Lejos quedan las épocas en las que vivir cerca de un puerto ponía a sus habitantes a merced de pueblos invasores. Francis Drake a punto estuvo de atacar Santander, antes de decidirse por La Coruña en el siglo XVI, época en la que el Mediterráneo, para seguir tirando del mismo hilo, era considerado un lago turco. Malvivir en un pueblecito del Levante español era por aquel entonces convivir con el riesgo de acabar de esclavo en una galera berberisca. ¡Que le pregunten a Cervantes! Ojo avizor siempre al pabellón de los barcos que se avecinaban. Si embarrancaban y eran enemigos, a pasarlos por las armas y agarrar el botín. Así lo recuerda un monolito inaugurado por nuestro rey emérito cuatrocientos años después del desastre de la Armada Invencible en Spanish point, donde los Irlandeses liquidaron a los supervivientes de los naufragios del San Marcos y San Esteban. La tumba de los españoles se conoce aún aquello en lengua gaélica, Tuama na Spainteach. Aunque si nos ponemos literarios, ¿cómo no recordar la presencia de un misterioso marino alojado en una humilde posada de la costa inglesa en la inmarcesible Isla del Tesoro de Stevenson? Es claro que para los hombres y mujeres costeños el horizonte marino fue siempre amenaza e invitación, fuente de riquezas y de desgracias. Para protegerse de ellas, precisamente se bautizó al paredón con el nombre del patrón de los marineros, San Telmo. Nombre asimismo del fuego que maravillaba y aterrorizaba a los hombres de mar, una suerte de descargas eléctricas que iluminaban los mástiles de los veleros. ¿Por cuánto tiempo podremos subir a la atalaya, desde la cercana playa de Santa Justa, y perder la mente en fantasías de piratas?
El paredón de San Telmo está en la Lista Roja desde el 9 de marzo de 2020. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

SOCIO 1777
Licenciado en Historia del Arte, ejerce de profesor en el IES Alameda de Osuna. Ha colaborado para la Biblioteca Nacional y publicado un estudio divulgativo sobre Bartolomé Esteban Murillo, así como varias novelas infantiles.







