“Cuando se pregunta y te responden”

Salí a pasear de madrugada

suspirando por dos estrellas.

La calle estaba desierta

embriagada de melancolía.

Nos juntamos, ella, la madrugada

y yo que con mi soledad paseaba.

Hablamos despacio, sin prisa,

conversamos de su magia, de la suavidad de sus palabras,

de la luz de sus estrellas

y salieron entonces de amor

las más bellas palabras.

Le pregunté

quiénes eran aquellas dos nuevas inquilinas,

azules, radiantes,

de su morada nocturna.

Me dijo ella:

– No son estrellas

– ¿qué son entonces?

– Son los Ojos de tu niña

que han viajado desde

el más alto horizonte

desde la orilla más desierta

para consolar tu melancolía