Sabíamos alguna cosa del wolframio, un elemento poco común, necesario para el blindaje de los tanques (por algo blindar se dice en alemán panzern). La Segunda Guerra Mundial había estallado y España, primero neutral y luego no beligerante, puso en manos de los nazis el precioso elemento de la tabla periódica. Poco podía ofrecer un país devastado como el nuestro y mucho exigía Franco a cambio de entrar en la guerra (el Marruecos francés, entre otras cosas).  La imagen del Generalísimo echando de la alfombra roja a Hitler en Hendaya es el único capítulo divertido de su biografía, y, en fin, que nos quedamos fuera de la contienda. El wolframio, también conocido como tungsteno, salía de las entrañas de una mina en el Valle de la Serena. Como explica Víctor Gibello, nuestro agente doble en Extremadura, la mina la descubrieron de casualidad tres amigos cazadores cuando, falto de balas, uno empezó a disparar pequeños fragmentos de algo duro y negro que mataba de maravilla. Mina de los Tres Amigos llamóse aquello antes de cambiar su nombre por el de San Nicolás. Con el tiempo produjo la necesidad de levantar un pueblo minero, hoy en estado ruinoso, con escuela, dispensario, economato y largo etcétera. Las fotos del paraje abandonado son de lo más hermoso que hemos descubierto en Rojo que te quiero Verde en este primer año de viaje por el patrimonio abandonado. Mucho puede escribirse sobre la mina, pero nos cuenta Gibello algo extraordinario, propio de una película de Berlanga: los ingleses, al no poder bombardear las instalaciones por motivos obvios, decidieron estimular el mercado negro de wolframio, algo así como el coltán de hoy en día, para sabotear su exportación a Alemania, reducir su producción y aumentar su precio. Mineros que luchaban contra Hitler sin saberlo, escondiendo trocitos negros de wolframio, conocidos como bolos, en los dobladillos del mono de trabajo. Pensamos en la batalla de Kursk, la mayor de la historia según algunos, y en esos panzer despanzurrados por los T – 34, las tanquetas rusas que los ruski fabricaban como churros, y sabemos que es imposible: los mineros extremeños no pintaron nada en la batalla. O quizás sí, y el aleteo de una mariposa en Badajoz fue un tornado que arrasó a los nazis en la lejana Rusia. 

El complejo minero de San Nicolás está en la Lista Roja desde el 29 de octubre de 2014. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?

Fotografía de la derecha: Víctor Gibello