Por Carlos Baltés
Han pasado 70 años desde mi primera visita a esta ciudad del sur de España. Yo tendría por entonces 5 o 6 años y había ido a Cádiz para una estancia familiar durante aquel lejano verano. Pocos recuerdos mantengo en mi memoria de aquella primera visita a esta ciudad y tales recuerdos quedan limitados sólo a los juegos infantiles en un parque junto al mar. Alguna vez más, bien desde Sancti Petri o de Sotogrande, he vuelto a esta ciudad andaluza circunstancialmente. Pero es en la presente ocasión cuando he paseado por las calles y plazas de Cádiz siendo en estos paseos cuando he percibido los indicios de la decadencia de esta hermosa ciudad del sur, que fue convertida a partir del siglo XVIII en la antesala de América en sustitución de Sevilla. Esta condición de balcón sobre las tierras americanas se detecta en la parte superior de sus edificios a través de las techumbres, azoteas, chimeneas y otros pináculos heredados del interés de sus antiguos habitantes por percibir las salidas o entradas de los buques que llegaban al nuevo continente o venían del continente americano. Hoy muchas de esas casas están cerradas y sin vida, son edificios abandonados a su suerte, envueltos por calles solitarias y sucias, sin apenas gentes que pisen sus aceras y adoquines, mientras los balcones aparecen muertos y sin personas asomadas para ver pasar a los viandantes que hoy apenas existen. Es curioso detectar que en esas calles sureñas no se perciben apenas farmacias, peluquerías y pastelerías… Todo permanece cerrado y quieto. Y si dejamos las calles y nos dirigimos a los parques se observa que sus jardines se encuentran sin limpiar y sin cuidados…
De inmediato y, a la vista de toda esta inmovilidad llamativa me dirijo a analizar los datos poblacionales de esta ciudad. Y en efecto, la ciudad de Cádiz está perdiendo población. Desde mediados de la década de los años 80 del siglo pasado ha perdido unos 40.000 habitantes. De manera que en esa década superaba los 150.000 habitantes para poseer sólo unos 110.000 en 2025. Ya en un último periodo de abril de 2025 hasta abril de 2026 la pérdida de habitantes ha seguido acelerándose. De forma que en el plazo de los últimos 35 años la población de esta ciudad se ha reducido en más de un 25%. Estos datos son muy preocupantes.
¿Qué razones pueden aducirse para comprender este desastre poblacional? Es claro: su contexto geográfico y su conformación física. La ciudad de Cádiz es casi una isla, una pequeña isla. Y apenas un estrecho puente natural la conecta con el continente. Es la falta de suelo de esta península genuina lo que determina una expansión urbanística limitada por una falta de oferta de vivienda a precios razonables. De manera que son las generaciones jóvenes las que tienen que abandonar la ciudad mientras queda dentro de la misma una población envejecida y seguramente sin muchos recursos. Si en el año de 1900 la población de Cádiz se situaba en unos 70.000 habitantes y la de 1981 se acercaba a los 160.000 habitantes en una fase mantenida de crecimiento, ¿qué ha pasado para llegar a los 110.000 actuales? nos podemos preguntar. Es decir, en poco más de 40 años han desaparecido 50.000 habitantes en Cádiz, según los datos estadísticos. Esta pérdida de población, especialmente de población joven y bien preparada castiga a la bella e histórica ciudad de Cádiz, la famosa Tacita de Plata, un piropo sentido por muchas gentes que la admiraban.
Esto significa que la ciudad debe cambiar el rumbo antes de que sea demasiado tarde. Y es que una parte significativa de sus 12 Km2 de superficie total deben de ser reconvertidos, acogiendo nuevos planteamientos que ofrezcan posibilidades donde se encuentren ventajas comparativas traídas por la historia, la calidad de vida y la belleza del entorno. Dar paso a nuevas personas y familias que se aposenten en Cádiz para disfrutar de la vida y no simplemente para soportarla. El nuevo gobierno regional salido de las urnas en los próximos días debiera propiciar las condiciones para terminar con esta deriva de decadencia de una ciudad tan llena de símbolos de la España moderna, y que posee zonas que conservan el carácter de una ciudad amable y con un empaque a resaltar. Allí se encuentran los hitos de la modernidad y el patriotismo constitucional, como es el caso del Oratorio de San Felipe Neri, donde se aprobó la Constitución de 1812, así como el impresionante monumento de la Plaza de España dedicado a los héroes españoles del Pensamiento y la Defensa de la nación. Potenciar los puntos fuertes permanentes de la ciudad de Cádiz y sustituir los puntos débiles actuales por otros con futuro es un objetivo necesario y loable. Estas deben ser las tareas de las Instituciones Públicas y también de la Iniciativa Privada llevada a cabo con buen criterio. La ciudad de Cádiz se merece lo mejor.

Economista por la Universidad Complutense de Madrid. Tras su dedicación primera a la Banca y la Industria, desarrolla su labor como escritor con diferentes obras de pensamiento y literatura a través Ensayos, Novelas y Cuentos.
Con su último libro, Escrito por el Tiempo 2ª Edición (2022), culmina su trilogía sobre el tiempo que inició con el ensayo El Mundo Transformado y con la novela Retorno a Marbella.






