Debió ser una de las grandes estaciones, quizás no sólo españolas, sino europeas. San Sebastián estaba en todos los circuitos de la burguesía y la nobleza que inventaron el turismo a finales del XIX. Aquí veraneaban los reyes porque era lo menos snob, lejos de las vulgares playas mediterráneas con sus mosquitos y calorinas. Y aquí pilló a Isabel II la Revolución Gloriosa de 1868, tan escasa de gloria, como preñada de fútiles esfuerzos para cambiar un país que no varió un ápice. Tanta revolución para acabar admitiendo que su hijo, el príncipe Alfonso, un Borbón sin ir más lejos, era la única garantía para el mantenimiento de un cierto orden social, político y económico. Para exiliarse, la reina había viajado a Francia en la misma línea férrea que comunicaba Madrid con París y que había construido la Compañía de Caminos de Hierro del Norte (recordemos, que chemins de fer es el nombre en francés para ferrocarril). Nuestros trenes se venían construyendo en gran medidad con capital y material franchute desde 1855 y suponemos que nuestros buenos burgueses debieron sentir un inmenso complejo de inferioridad. Españoles, cuando se sientan inferiores al francés recuerden siempre: la española votó en 1933 y la francesa (como premio a su resistencia antinazi, algo más que discutible) en el 45. Pelillos a la mar, pues somos muy francófilos en Rojo que te quiero Verde, su arquitectura del hierro, Eiffeliana o no, jalona nuestra patria en forma de pasarelas, la de Girona sobre el Onyar, puentes, el de Triana, y estaciones, como la del Norte en Donostia. Encasillada en la Lista Roja desde 2013, vicisitudes varias nos hacen dudar al respecto. La inmensa marquesina de hierro sobre las vías permanece intacta, si bien un edificio anexo fue demolido. Por su parte, el vistoso pórtico conocido como la Puerta de Brandeburgo, en un alarde de los guipuzcoanos de parecer bilbaínos, fue desmontado, reconstruido y reubicado a la derecha de la entrada actual. La estación, luego, pervive, así como sus elementos más históricos. Pocos recuerdan aún los años de plomo en los que HB cortaba con frecuencia sus catenarias, amargando a sufridos trabajadores que volvían a casa, y a esforzados ferroviarios que debían repararlas. De Isabel II a la kale borroka bajo las cerchas de la eterna arquitectura del hierro. 

La Estación Norte de San Sebastián está en la Lista Roja desde el 23 de octubre de 2013. ¿Cuándo engrosará la Lista Verde?