Hoy les traigo un tema bastante polémico sobre la Catedral de Burgos. Por si no lo saben todavía, el Cabildo de dicho monumento pretende intercambiar las puertas principales por otras contemporáneas, realizadas por el escultor Antonio López. Asegura que conservaría las originales en el interior de la Catedral, y que este cambio podría potenciar el turismo de la ciudad. Es una opinión respaldada por el Ayuntamiento de Burgos y por algunos grupos políticos que, al parecer, no desaprovechan ni una oportunidad para hacer campaña electoral. El asunto había quedado en el olvido hasta hace unos días, cuando el embajador de España frente a la UNESCO, Juan Andrés Perello, ha asegurado que dicha institución podría arrebatarle a la Catedral de Burgos el título de Patrimonio de la Humanidad si se llevase a cabo ese plan.

A esta autora le cuesta creer que en el siglo XXI los altos cargos políticos y religiosos todavía crean que tienen las competencias necesarias para decidir sobre la intervención de las obras de arte, aun cuando ni si quieran tienen conocimientos sobre las mismas. Prueba de ello es que el Cabildo habla de las puertas como de “escaso valor artístico”, porque claro, resulta mucho más valioso tener la cara de Antonio López en una de las puertas de la catedral, que tener la original. Desconocemos si el Cabildo tiene alguna clase de formación en el estudio del arte, pero estas declaraciones dejan ver que seguramente no, porque si la tuviera se cuidaría de omitir tales barbaridades. En un Estado declarado laico como es el nuestro, la iglesia dejó de tener esa clase de poderes desde hace ya tiempo, pero parece ser que a algunas personas todavía no les ha llegado la información.

Sorprende infinitamente que se trate de seguir adelante con la intervención, a pesar de que ni el ICOMOS ni la UNESCO lo apoyen. Casi parece más cabezonería que altruismo, como bien señala Juan Vallejo: “Es un capricho, un fasto innecesario. Si por cada celebración centenaria se decidiera hacer una intervención en el templo catedralicio hoy habría ocho protuberancias que fagocitarían el Gótico; la catedral sería un híbrido que no la conocería nadie. Imagínate a los hermanos Juan y Simón de Colonia (autores de las agujas y la capilla de los Condestables), Felipe Bigarny (autor del Traslatar) y tantos otros ante esta portada, se echarían las manos a la cabeza del espanto”. Para corroborar la opinión del pintor solo hay que echar un vistazo a la página web que defiende el proyecto.

Captura de pantalla de las razones que se dan para cambiar las puertas originales por unas nuevas.

Si se quieren realizar unas piezas conmemorativas al 800 aniversario de la catedral, que se hagan, pero de forma respetuosa con el patrimonio. ¿No podríamos plantear distintas soluciones que eviten que el trabajo que ya ha hecho Antonio López se pierda? Tal vez podrían colocarse a los lados de las que ya hay, en las cercanías a la catedral, distribuidas por la ciudad… ¿Por qué hay que sepultar y construir encima? ¡Parecemos romanos! Recuperemos un concepto del que ya hablamos en la publicación anterior: tan culpable es el que tiene la idea, como el que lo hace y el que lo permite. Materialmente, las obras no tienen capacidad de defenderse solas, es nuestra responsabilidad socorrerlas, y no podemos permitir que se les arranquen las manos por la vanidad egoísta de unos pocos.

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Fotografías